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18 de noviembre de 2009

DEDICADO A LAS MUJERES COLORIDAS.

LOS HOMBRES GRISES.

LOS HOMBRES GRISES SUELEN PARECER BUENOS. LLEVAN UNA VIDA PEQUEÑA Y EN APARIENCIA APACIBLE. PERO CON EL TIEMPO VAN ROBANDO LOS COLORES DE TU ALMA HASTA DEJARLA GRIS Y DESAPARECEN LLENOS DE COLOR SIN EXPLICAR NADA... CUANDO SE DESTIÑEN POR SU FALTA DE CREATIVIDAD Y SU INACCIÓN, BUSCAN ALGUIEN A QUIEN QUITARLE OTRA VEZ SUS COLORES VITALES. ¡CUIDADO CON ELLOS!

Suelen presentarse humildemente; apocados y desinteresados del mundo material. A veces muestran cierta languidez, que resulta atractiva a las mujeres. Hablan poco, no sólo en situaciones sociales amplias sino también en el espacio uno a uno de la pareja. Cuando lo hacen, se muestran dubitativos, su vocabulario es restringido y presentan sus ideas de manera un poco confusa. Esto se debe a que la mayoría de las palabras están conformadas por diversos colores, y ellos sólo disponen del gradiente de los grises.

Tienen dificultades en su relación con el trabajo: puede que manifiesten sufrimiento por estar trabajando en algo que nunca esperaron hacer, sin entender nunca que el trabajo vuelve dignas a las personas. Esta situación los estresa y se adhieren al sueño. Desean empleos para los cuales no acreditan conocimientos suficientes. No resisten trabajar la misma cantidad de horas que el común de las personas.

Todo lo resuelven durmiendo. Se sospecha que sueñan en colores, lo que justificaría su marcada preferencia por el dormir, pero no ha podido comprobarse debido a su poca capacidad y disposición para hablar sobre ellos mismos.

Reprimidos, difícilmente manifiestan sentimientos de ira o hacen descargas cuando se enojan, hecho que nadie advierte por su falta de expresividad. Esto los convierte en verdaderos calderos a presión, que pueden estallar en cualquier momento de sus vidas, especialmente promediando el ciclo vital, cuando hacen inconscientemente su balance y advierten que no han logrado construir nada.

Creen que cualquier estado que atraviesen se debe a su mala suerte, no logrando involucrarse nunca con su responsabilidad en la serie causa-consecuencia. Son inmaduros; siempre están sostenidos por alguien: su madre (que los trata eternemente como a niños), hermana (que los considera siempre hombres frágiles) o una pareja (que cuando intenta tratarlos como a hombres, provoca su huída). El sostén es tanto económico como personal: no dan un paso sin que estos soportes se lo indiquen o directamente lo empujen.

Conocen muy bien y aplican magistralmente la ley del menor esfuerzo. Si el común de las personas sale a vivir la vida, ellos dejan que la vida los viva.

Presentan aspectos físicos particulares: hipertensión arterial, debido al efecto caldero antes comentado. Alteraciones cardíacas (órganos como el corazón, el hígado y el estómago, y tejidos como la sangre presentan disfunciones ante la falta de color). Glucemia elevada, modo como el organismo compensa la amargura que guardan calladamente en sus vidas. Digestivamente, padecen de reflujo, un intento desesperado del organismo por hacerles vomitar todas las palabras que se tragan para que no se les pudran dentro; pero ellos encuentran posturas -por ejemplo acostarse- que regresan los fluidos a su estómago y los mantienen allí, fermentando en exceso. Les gusta comer hidratos de carbono y grasas, y lo hacen con desmesura. Lo mismo ocurre con gaseosas cola.

El tamaño de sus penes no llega a la medida estándar, cuestión que los vuelve resentidos y malos amantes aunque hacen grandes esfuerzos por mostrar despreocupación al respecto.
Cerca de la mitad de sus vidas, es decir siendo aún jóvenes, suelen padecer impotencia y la justifican como el efecto de los medicamentos que ingieren para las dolencias mencionadas arriba. En realidad, esta disfunción se debe a su falta de creatividad, su represión, timidez y una natural falta de interés por la sexualidad. En su inmadurez, suponen que lo resolverán cambiando frecuentemente de mujeres, cuestión que los lleva de una frustración en otra.
Como agravante, generalmente han vivenciado situaciones traumáticas por la vía paterna (padre que abandona el hogar; padre poco comunicativo; padre desafectivizado; etc).

No creen en nada, la espiritualidad no tiene lugar en sus vidas. A lo sumo, piden favores a sus muertos más queridos. No toleran la psicología, por lo tanto difícilmente hagan terapia. Se supone que el encuentro con los contenidos de su inconsciente es más aterrador que el del resto de los sujetos.

Se muestran intolerantes con la homosexualidad, rechazan manifiestamente al hombre gay. Varias teorías coinciden en que esta actitud representa una intensa lucha con su propio deseo hacia el mismo sexo, situación reforzada por sus defectos anatómicos y su falta de erección, aspectos que los dejan más bien del lado de la mujer.

Sus amistades suelen nombrarlos por su nombre en diminutivo (Carlitos, Gustavito, Robertito, etc.); como si tácitamente todos asumieran su estado siempre infantil.

La motricidad fina es rudimentaria, esto los vuelve poco hábiles para realizar trabajos de precisión (no es recomendable, por ejemplo, que reparen instalaciones eléctricas por sencillas que sean).

Desconocen arreglos de desperfectos básicos de la casa (como cambiar cueritos de las canillas) y el uso de herramientas hogareñas: taladro; distintos tipos de destornilladores; llaves; etc. Tienen muy poca fuerza en sus manos, al punto de no poder descorchar una bebida o ajustar un tornillo. Si aparece, por ejemplo, una gotera, como mucho colocarán un recipiente debajo de la misma y con eso quedarán conformes. Nunca atinarán a telefonear a un profesional que de solución definitiva al problema. Detestan realizar llamados telefónicos de cualquier índole, aún al servicio de delivery.

Compran comestibles envasados vencidos porque no observan las fechas de vencimiento. Si se les advierte al respecto, jamás regresarán a exigir el cambio correspondiente. Se presume que esto se debe a la falta de parámetros con respecto al dinero, ya que nunca han realizado verdaderos esfuerzos para ganarlo. Como expresé anteriormente, suelen ser casi “mantenidos”.

Del mismo modo, si un artefacto nuevo presenta un desperfecto, seguramente vencerá la garantía del fabricante sin que haya surgido en ellos el mínimo impulso por exigir su reparación.

Poco o nada cuidadosos con su ropa, aunque alguien tome el trabajo de doblarla por ellos, estos hombres la guardarán haciendo verdaderos “bollos” que imprimirán arrugas difíciles de sacar aún con la plancha. De todos modos, no se sienten molestos con vestir remeras, camisas, pantalones, en ese estado. Suelen dormir con la misma remera que usaron durante el día, a veces ropa nueva, motivo por el cual estas prendas duran poco tiempo en buen estado.

Aunque se bañan todos los días, tienen problemas de higiene. Al llegar de la calle o salir del baño para orinar, no asean sus manos y se los ve manipular acto seguido y con naturalidad, algún trozo de queso, pan o fruta, que convidan amigablemente a su ocasional compañía. Pueden usar el mismo pantalón por larguísimos períodos, sin ponerlo en el canasto para lavar. No es conveniente ponerlos a prueba con la higiene de su ropa, esperando que la pongan a lavar ellos mismos o pidan a otro que lo haga. Guardo registro de un caso en el que un hombre gris llevó durante cuatro días seguidos el mismo calzoncillo sucio.

A la hora de la intimidad descuidan asear sus genitales, lo que provoca la queja de su partenaire en el caso de practicarles sexo oral, el que suelen recibir no muy convencidos y no logran practicarlo a la mujer porque manifiestan que dicha actividad les da asco o rechazo.

A veces colaboran cocinando, pero les apasiona pedir comida hecha y aún más cenar afuera.

No conocen sobre vinos porque en general no beben, pero cuando prueban se interesan por los distintos cepajes y comienzan a beber, disfrutando fundamentalmente del momento en que empiezan a sentir los efectos del alcohol. En ese momento repiten su habitual rutina: se van a dormir.

Son hábiles mentirosos, sus relatos son creíbles; tanto, que terminan por creerlos ellos también. Buscan a través de la mentira los favores que la naturaleza les ha negado; que ellos no se han procurado; que terminan robando a quienes más amor les han dado.

Un día cualquiera, luego de haberse asegurado cobijo, sin aviso ni previa señal, sin explicaciones ni muestras de angustia, se van. Así como está relatado. Se van.

Aconsejo reflexionar antes de pedirles que se queden. Tienen la particularidad de que rápidamente se deja de extrañarlos, hasta que su ausencia se torna un verdadero alivio.


M. B. Otero

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