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14 de julio de 2008

HABLEMOS DE LA SOJA. La Soja Transgénica II

Continuación
El consumo frecuente de productos de soja también puede ocasionar deficiencias vitamínicas. Se dice que la soja aporta vitamina B-12, cuando en realidad la vitamina B-12 de la soja es un análogo inactivo, no utilizado como vitamina por el cuerpo. Algunos investigadores especulan que este análogo podría funcionar en realidad como un bloqueante de la absorción corporal de vitamina B-12. Así, la soja incrementaría los requerimientos corporales de vitamina B12. Asimismo, la proposición de que los productos fermentados de soja, tales como el tempeh, pueden constituir una fuente de B-12 tampoco ha sido apoyada por la investigación científica (Scheer, James F., Health Freedom News, March 1991, p.7). Por otro lado, estudios realizados con fórmula láctea de soja indicaron que la soja bloquea la absorción de grasas. Esto podría explicar porque la soja también parece incrementar los requerimientos corporales de vitamina D, que es liposoluble. A este respecto, uno de los argumentos pro-soja sostiene que los asiáticos tienen menores tasas de incidencia de osteoporosis porque consumen más soja. Pero si, de hecho, padecen menos la osteoporosis, esto es debido mucho más seguramente a componentes de la dieta que se consumen en gran cantidad y que proveen vitamina D y calcio, tales como sopa de hueso, langostino y tocino. También cabe aclarar que los carotenos de alimentos vegetales y la exposición a la luz solar no son suficientes como para suplir los requerimientos corporales de vitaminas A y D (Jennings, I.W., Vitamins in Endocrine Metabolism, Charles C. Thomas, Springfield, IL, 1970, pp.39-57,84-85. 29. Smith, Op. Cit., pp. 184-188). Pero en países del Tercer Mundo donde la ingesta de vitaminas es de por sí bastante baja, los productos de soja frecuentemente reemplazan los alimentos de origen animal que las proveen adecuadamente.
La comparación entre la incidencia de cáncer de orientales y occidentales es utilizada por el lobby “pro-soja” como argumento defensor de sus propiedades “anticancerígenas”. Se dice que los asiáticos consumen 30 veces más soja que los norteamericanos y que por ello tienen tasas más bajas de cáncer de pecho, próstata y colon. Pero, entonces, la mayor incidencia en países asiáticos de cáncer de esófago, estómago, tiroides, páncreas e hígado también debería atribuirse, según idéntica lógica, al supuesto mayor consumo. En realidad, los estudios demuestran que el consumo de soja en Asia es mucho menor que el señalado. La verdad es que no sabemos exactamente por qué los países asiáticos y occidentales padecen diferentes tipos de cáncer. La estadística del cáncer en Oriente se relaciona con diversos factores, uno de los cuales es el consumo de soja. La dieta típica en Oriente incluye más productos naturales, mucho menos carne roja grasosa, mayores cantidades de vegetales y más pescado. También incluye menos sustancias químicas y toxinas, ya que ellos comen alimentos mucho menos procesados (enlatados, congelados, conservas, embutidos, etc.). Pero ratificar la relación entre el consumo de soja y menores tasas de ciertos tipos de cáncer mientras se soslaya su contribución a una mayor incidencia de otros tipos de neoplasia es algo típico de la falta de honestidad industrial.
Algunos científicos han contestado críticas a su postura pro-soja arguyendo que los investigadores no pueden inferir que los datos obtenidos de la experimentación con animales no pueden aplicarse a humanos. Pero ellos mismos lo hacen constantemente, especialmente cuando los datos muestran efectos protectivos de la soja. Sólo cuando los estudios arrojan resultados negativos los científicos reciben una reprimenda por utilizarlos. Resulta axiomático que cuando una sustancia química cancerígena es certeramente activa en uno o más modelos animales, puede aseverarse con seguridad que determinados individuos humanos estarían expuestos a tal riesgo. Los promotores de la soja no desean que el público sepa que los fitoestrógenos pueden inducir tumores en diversas especies animales. Cuanto más joven, el animal es más susceptible a la acción de estos estrógenos de origen vegetal, tal como ocurre frecuentemente con otros carcinógenos.

Bibliografía:
-The Health Consequences of early soy consumption. Badger TM ; Ronis MJ ; Hakkak R ; Rowlands J.C.; Korourian S. J.Nutr.,Mar;132 (3): 559S- 565S
- Soy. Health claims for soy protein, questions about other components. Henkel J. FDA Consum 2000 May-Jun ;34(3) : 13-5 ;18-20
- American Academy of Pediatrics. Committee on Nutrition. Soy protein-based formulas: recommendations for use in infant feeding. Pediatrics, 1998 Jan; 101(1Pt 1): 148-53
- Nutritional and Health benfits of soy proteins. Friedman M., Brandon D L
J. Agric Food Chem 2001 Mar ; 49 (3) : 1069-86

II) Riesgos para la Salud Humana del Consumo de Soja Tolerante al Glifosato (Modificada Mediante Ingenieria Genetica)

En nuestro país, el escenario de un mercado alimenticio saturado desde hace seis años con soja transgénica y sus productos derivados procesados exige una discusión esclarecedora tanto de los efectos de la soja en la dieta humana, como asimismo de los diversos interrogantes planteados por el hecho de que la población argentina ya esté expuesta a la posible toxicidad de los productos genéticos adicionales incorporados a su alimentación pese a exigir el "principio precautorio" una certeza científica de inocuidad todavía no establecida:
1. La producción y comercialización local de soja tolerante al glifosato fue aprobada en 1996 en base al concepto de “equivalencia sustancial”, un criterio regulatorio que nuestros funcionarios gubernamentales y científicos asesores todavía esgrimen como efectiva declaración de inocuidad, desdeñando que la reciente constatación de graves discordancias en la “equivalencia sustancial” entre variedades de soja transgénica y convencional no sólo confirma la validez de las críticas al criterio realizadas a partir de 1999 por diversos paneles científicos y expertos, sino que éste tampoco ha sido respetado por las empresas involucradas.
2. Las determinaciones de seguridad basadas tanto en la ausencia de evidencia respecto de problemas para la salud humana como en el hecho de ser la FDA norteamericana la institución responsable de la aprobación de los alimentos transgénicos existentes, ya dejaron de ser convincentes. Según las evidencias acumuladas, los inadecuados métodos de evaluación de inocuidad vigentes no proveen suficiente fundamento científico como para aseverar que la soja transgénica es tan inocua como la convencional. Y que a menos que sea retirada del mercado, es necesario su etiquetado para facilitar la detección temprana de efectos nocivos inesperados debidos al consumo de productos procesados con soja transgénica o sus derivados.
3. Mientras que industriales, científicos y autoridades gubernamentales insisten en soslayarlos, algunos de estos riesgos ya se convirtieron en factores causales de enfermedad concretos. Y, según indica el creciente volumen de investigación sobre el tema, las advertencias científicas respecto de los peligros restantes no son una mera falsa alarma.
4. El reciente hallazgo de ADN desconocido en semillas de soja Roundup Ready producidas por Monsanto confirma la razonabilidad de las críticas al argumento de que la tecnología transgénica es precisa. Esta es la segunda vez que científicos encuentran en la soja transgénica elementos de cuya existencia su fabricante parece no haber tenido conocimiento ni haberlos citado en ocasión de solicitar la correspondiente aprobación. Una completa contravención a la norma que obliga a la empresa a proveer “información sobre cualquier efecto tóxico o nocivo para la salud humana derivado de la modificación genética”. Y en virtud de que la información sobre los insertos y el ADN de la soja presentada en la evaluación de riesgo original resulta incompleta, es imposible llegar a una conclusión definitiva respecto de los efectos tóxicos o nocivos de la soja RR sobre humanos.
5. Por otro lado, la enorme difusión local del cultivo de soja RR convirtió al glifosato en el herbicida más vendido del país, hecho adicionalmente inquietante, ya que recientes estudios toxicológicos conducidos por instituciones científicas independientes refutan su “benignidad toxicológica”. Sabemos que son pocos los laboratorios en el mundo que poseen el equipamiento y las técnicas necesarios para evaluar los impactos del glifosato sobre la salud humana y el medioambiente. Pero también sabemos que los que inicialmente realizaron en EE.UU. los estudios toxicológicos requeridos oficialmente para su registro y aprobación fueron procesados legalmente por incurrir en prácticas fraudulentas tales como falsificación rutinaria de datos, omisión de informes sobre defunciones de ratas y cobayos, falsificación de estudios mediante alteración de anotaciones de registros de laboratorio y manipulación manual de equipamiento científico para que éste brindara resultados falsos. Por lo tanto, la información existente respecto de la concentración residual de glifosato en alimentos y sus impactos sanitarios es poco confiable y sumamente escasa. Exponer a la población argentina a los efectos nocivos de este herbicida constituye una grave irresponsabilidad, ya que los estudios de toxicidad citados revelaron efectos adversos en todas las categorías estandarizadas de pruebas toxicológicas de laboratorio en la mayoría de las dosis ensayadas: toxicidad subaguda (lesiones en glándulas salivales), toxicidad crónica (inflamación gástrica), daños genéticos (en células sanguíneas humanas), trastornos reproductivos (recuento espermático disminuido en ratas; aumento de la frecuencia de anomalías espermáticas en conejos), y carcinogénesis (aumento de la frecuencia de tumores hepáticos en ratas macho y de cáncer tiroideo en hembras). Pero como si ello no bastara, a semejante desafío epidemiológico ahora se suma la constatación de que el alerta sanitario emitido recientemente por la OMS respecto de la presencia de acrilamida tóxica en alimentos cocidos está relacionado causalmente con el glifosato. El hallazo tuvo una repercusión masiva porque la acrilamida es un potente tóxico neural en humanos y también afecta la función reproductiva masculina y causa malformaciones congénitas y cáncer en animales. Las evidencias parecen indicar con precisión que la acrilamida es liberada por la poliacrilamida ambiental, cuya fuente principal se halla en las fórmulas herbicidas en base a glifosato. La cocción de vegetales que han estado expuestos al glifosato utilizado en cultivos transgénicos tolerantes a herbicidas, o usados durante la preparación del suelo en cultivos convencionales resultaría en una adicional liberación de acrilamida.
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