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ESTE SITIO CUENTA CON UN LECTOR DE NOTICIAS PARA PERSONAS CIEGAS O DISMINUIDAS VISUALES QUE FIGURA AL PIE DE CADA POST.

15 de octubre de 2006

FELIZ DÍA MADRES!!!!


A las amigas, que algo tienen de madres mías porque han tenido que parirme en más de una ocasión.
¡FELIZ DÍA!

13 de octubre de 2006

BULLYING

Ocurre en España y no saben cómo pararlo. Hagamos prevención porque vamos en camino...



12 de octubre de 2006

EL SALARIO DEL PENE


Hasta ahora no sabíamos que este pequeño amiguito del hombre estaba descontento con el salario que percibía, pero tras recibir este comunicado no nos queda más remedio que admitir la evidencia: El pene no está ni mucho menos contento con el dinero que percibe por realizar su trabajo...sin embargo recibirá su merecido.
SOLICITUD DE AUMENTO DE SALARIO DEL PENE.
YO, EL PENE, PIDO AUMENTO DE SALARIO POR LAS SIGUIENTES RAZONES:
- Ejecuto Trabajo físico
- Trabajo a grandes profundidades
- Trabajo de cabeza
- No gozo de descanso semanal, ni días de fiesta
- Trabajo en un local extremadamente húmedo
- No me pagan horas extras ni nocturnidad
- Trabajo en un local oscuro y sin ventilación
- Trabajo a altas temperaturas
- Trabajo expuesto a enfermedades contagiosas
RESPUESTA DE LA ADMINISTRACIÓN
Después de lo planteado por el solicitante y, considerando los argumentos expuestos, la Administración rechaza las exigencias del mismo por las siguientes razones:
- No trabaja ocho horas consecutivas
- Se duerme en el puesto de trabajo después de una corta actividad laboral
- No siempre responde a las exigencias de la jefatura
- No siempre es fiel a su puesto de trabajo; se mete en otros departamentos
- Descansa mucho antes de tiempo
- No tiene iniciativa. Para que trabaje hay que estimularlo y presionarlo
- Descuida la limpieza y el orden del local al terminar la jornada de trabajo
- No siempre cumple con las reglas de uso de los medios de protección e higiene en el trabajo
- No espera a la jubilación para retirarse
- No le gusta doblar turnos
- A veces se retira de su puesto de trabajo cuando aún cuando tiene faena pendiente
- Y, por si fuera poco, se le ve entrar y salir constantemente del puesto de trabajo con dos bolsas sospechosas.

¡¡¡UN POCO DE HUMOR AMIGAS!!!

8 de octubre de 2006

MENTOS Y COCA...



Miren lo que pasa mezclando pastillas Mentos y Coca.

EL MUNDO



Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia,
pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la
vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
- El mundo es eso . reveló -. Un montón de gente, un mar de
fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay
dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de
todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del
viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos
fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la
vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y
quien se acerca, se enciende.
("El libro de los abrazos" Eduardo Galeano)

LICENCIADO SILEN CIADO Y GRACIELA: ¡¡BIENVENIDOS!!

Qué bueno contarlos en el blog!!! Espero que opinen, cuenten, dibujen jueguen... ¡Hagan un poco de catarsis ché!

26 de agosto de 2006

AGUANTAMOS?


MIRÁ LA IMAGEN Y EXPLICÁ SI ESTÁ POR CAERSE O SUBIÉNDOSE NUEVAMENTE...

20 de agosto de 2006

AIRE TIBIO PARA UN SÁBADO FRÍO...

Los ojos verdes

El me enseñó los fundamentos
para vivir los vientos de la vida.
Hay que mirar me dijo, lo que uno lleva adentro
y volcarlo hacia afuera, hacia la calle,
hacia la gente que pasa por la calle,
hacia las luchas que pasan por la calle,
hacia el dolor que corre por la calle,
hacia la calle interna que tiene toda calle,
esa que no se ve pero es la historia cierta.
Después iba hasta el fondo de la casa
para tocar la guitarra al pie de la glicina,
al pie del pie que apoyaba en la tierra
mientras los grillos del verano,
los cantores de siestas provincianas,
bailaron un tanguito creyendo que era farra.
Hay que mirar la luz de las mañanas
y descubrirle los colores a las ramas
de cualquier árbol que crezca por la casa,
por la calle, los jardines o las plazas,
para pintar después la algarabía
de todos los gorriones y la gente que pasa,
hay que aprender a ver, decía, y me llenaba
de poemas, canciones, cuentos, dramas
de cotidiana gente que estaba por la calle,
sufría por la calle, amaba libre por la calle,
era feliz o mal moría por la calle.
Cuando ahora sucede que recuerdo
creo que aprendí entonces a pintar la vida
a través de los ojos verdes de mi padre.
Hamlet Lima Quintana.

PADRE NUESTRO LACANIANO.

PADRE NUESTRO LACANIANO
Función Paterna
que estás en la Estructura
Significante sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu Ley,
cúmplase tu Metáfora
así en el Falo como en su Ausencia.
El incesto nuestro de cada día prohíbenoslo hoy
y perdónanos la Deuda
que pagamos mensualmente al analista
y no nos dejes obturar la castración,
mas ¡líbranos de Mamá!
Amén

3 de julio de 2006

MÁS DIVÁN

Pasión en el diván
Cuidada reedición del célebre seminario de J. Lacan sobre la transferencia SERGIO RODRIGUEZ. PSICOANALISIS EL SEMINARIO (vol. 8) por J. Lacan Paidós. 448 páginas. Promediando los 60, Enrique Pichon Riviere le entregó a Oscar Masotta un texto de Jacques Lacan. El joven y promisorio semiólogo quedó atrapado por una lógica que para entender los efectos del lenguaje sobre el sujeto del Inconsciente, se apoyaba en la lingüística estructural concebida por Ferdinand de Saussure. A partir del trabajo de Masotta, Lacan se fue arraigando en el interés, la pasión y la práctica de miles de psicoanalistas argentinos. También contribuyeron los estudiosos Raúl Sciarreta y Guillermo Maci. Las publicaciones de Lacan pasaron a tomar su propio sello con El Estadio del Espejo, presentado por primera vez en el Congreso de Marienbad en 1936, cuando se incubaba la Segunda Guerra. Su producción precipitará a los finales de esa guerra con dos formas. Los Escritos, que tienden a resignificar retrospectivamente y condensar sus seminarios y deja al margen los conflictos que se le fueron presentando en la investigación. Los seminarios que muestran a Lacan apegado a la clínica, investigando.Este seminario (1960/61) fue pronunciado cuando ya había entrevisto y aplicaba la base principal de sus conceptos: que el desenvolvimiento de los vínculos humanos transcurre en discurso y se despliega tensado en tres registros: Real, Simbólico e Imaginario. O sea: por lo que no se logra significar o se nos presenta por fuera de lo significado, lo que hace operar la capacidad combinatoria y de producción de nuevas significaciones por vía de la metáfora, y lo que por la tendencia de los significados a congelarse, obstaculiza dicha capacidad metafórica de nuevos significados. El objeto de este seminario fue la transferencia, principal instrumento para que el deseo de analizarse se instale en quien sufre, transfiriendo sus dilemas inconscientes a sus sesiones de análisis. Del hacer de analista y analizante con ella, dependerá cada análisis. Siguiendo a Freud, instaló la transferencia en los terrenos del amor. Que situó recubriendo un vacío y engañando al deseo causado por dicho vacío, lo que lo llevó a una pregunta ética, diaria para todo psicoanalista honesto. "Hay que preguntarse por qué medios operar honradamente con los deseos. Es decir, ¿cómo preservar el deseo en el acto, la relación del deseo con el acto? El deseo encuentra comúnmente en el acto su colapso más que su realización, y como mucho, el acto sólo le presenta al deseo su hazaña, su gesto heroico. ¿Cómo preservar, entre el deseo y dicho acto, lo que se puede llamar relación simple, o salubre?" El lector podrá sentirse perdido en los vericuetos del libro. Pero como en los subterráneos de las montañas, una tenue luz no sólo le indicará que hay salida, sino que lo instará a seguir buscándola. Rastros que lo llevarán por el El Banquete, de Platón, en cuyos enunciados irá encontrando las enunciaciones que permitirán desmadejar las relaciones humanas. Culminará con la declaración de amor de Agatón a Sócrates y la advertencia por éste, de que estaba dirigida a Alcibíades. Presentará así su principal metáfora: la función del analista con respecto a la transferencia está en saber que el amor que le aparece dirigido está apuntando a lo ausente.El capítulo XIII devela a los psicoanalistas cuál era su posición y su forma de trabajo con los fenómenos que la escuela kleiniana ubicaba en el campo de la contratransferencia. Lacan sentía aprecio no sólo por Melanie Klein, que años después fue una de las que se opuso a su expulsión de la Asociación Psicoanalítica Internacional, sino por el círculo kleiniano. En la página 217 dice: "Es a los mejores círculos analíticos a los que estoy aludiendo, y precisamente al círculo kleiniano". Revisa lo que ese círculo tomó de Freud, la comunicación de inconsciente a inconsciente, y se pregunta y trabaja sobre las condiciones de posibilidad para que eso ocurra y pueda ser utilizado por el psicoanalista. "Debe admitirse que en nadie se da una elucidación exhaustiva del inconsciente, por lejos que se lleve un análisis. Una vez admitida esta reserva de inconsciente, es perfectamente concebible que el sujeto avisado, precisamente por la experiencia del análisis didáctico, sepa, de alguna manera, jugar con ella como un instrumento, como con la caja del violín cuyas cuerdas, por otra parte posee". Planteadas así las condiciones de posibilidad, se preguntó: "¿Cómo situar el punto de pasaje donde lo que queda así definido puede ser sin embargo utilizado como fuente de información incluida en una praxis directiva?"Según Lacan, los analistas no quedan excluidos de las pasiones. Mientras mejor han sido analizados, más son tomados por ellas. No será por apáticos que pueden usar su propia reserva inconsciente para analizar sino por saber que está "poseído por un deseo más fuerte, está autorizado a decirlo en cuanto analista, en tanto que en él se ha producido una mutación en la economía de su deseo". Así, no niega el valor de la comunicación de inconsciente a inconsciente. Condiciona la capacidad de usarla a lo que el análisis haya transformado en economía del deseo del analista.

S. Rodríguez es psicoanalista y autor de Escenas, causas y razones de la vida erótica.
(Tomado de Clarín. Septiembre 2003)

9 de junio de 2006

CAMBIA, NADA CAMBIA...

El siguiente texto pertenece a Roberto Arlt y lo escribió en 1933. Saquen sus propias conclusiones. ¡¡¡Piensen, manga de vagos/as que viven boludeando!!!
Aspiro a ser diputado
Señores: Aspiro a ser diputado, porque aspiro a robar en grande y a "acomodarme" mejor. Mi finalidad no es salvar al país de la ruina en la que lo han hundido las anteriores administraciones de compinches, sinvergüenzas; no señores, no es ese mi elemental propósito, sino que, íntima y ardorosamente, deseo contribuir al saqueo con que se vacían las arcas del Estado, aspiración noble que ustedes tienen que comprender es la más intensa y efectiva que guarda el corazón de todo hombre que se presenta a candidato a diputado.
Robar no es fácil, señores. Para robar se necesitan determinadas condiciones que creo no tienen mis rivales. Ante todo, se necesita ser un cínico perfecto, y yo lo soy, no lo duden señores.
En segundo término, se necesita ser un traidor, y yo también lo soy, señores.
Saber venderse oportunamente, no desvergonzadamente, sino "evolutivamente".
Me permito el lujo de inventar el término que será un sustitutivo de traición, sobre todo necesario en estos tiempos en que vender el país al mejor postor es un trabajo arduo e ímprobo, porque tengo entendido, caballeros, que nuestra posición, es decir, la posición del país no encuentra postor ni por un plato de lentejas, créanlo... prefiero ser honrado.
Abarquen la magnitud de mi sacrificio y se darán cuenta de que soy un perfecto candidato a diputado.
Cierto es que quiero robar, pero ¿quién no quiere robar? Díganme ustedes quién es el desfachatado que en estos momentos de confusión no quiere robar.
Si ese hombre honrado existe, yo me dejo crucificar.
Mis camaradas también quieren robar, es cierto, pero no saben robar.
Venderán al país por una bicoca, y eso es injusto. Yo venderé a mi patria, pero bien vendida.
Ustedes saben que las arcas del Estado están enjutas, es decir, que no tienen un mal cobre para satisfacer la deuda externa; pues bien, yo remataré al país en cien mensualidades, de Ushuaia hasta el Chaco boliviano, y no sólo traficaré al Estado, sino que me acomodaré con comerciantes, con falsificadores de alimentos, con concesionarios; adquiriré armas inofensivas para el Estado, lo cual es un medio más eficaz de evitar la guerra que teniendo armas de ofensiva efectiva, le regatearé el pienso al caballo del comisario y el bodrio al habitante de la cárcel, y carteles, impuestos a las moscas y a los perros, ladrillos y adoquines...
¡Lo que no robaré yo, señores! ¿Qué es lo que no robaré?, díganme ustedes.
Y si ustedes son capaces de enumerarme una sola materia en la cual yo no sea capaz de robar, renuncio ipso facto a mi candidatura...
Piénsenlo aunque sea un minuto, señores ciudadanos. Piénsenlo. Yo he robado.
Soy un ladrón, y si ustedes no creen en mi palabra, vayan al Departamento de Policía y consulten mi prontuario.
Verán que performance tengo. He sido detenido en averiguación de antecedentes como treinta veces; por portación de armas -que no tenía- otras tantas, luego me regeneré y desempeñé la tarea de grupí, rematador falluto, corredor, pequero, extorsionista, encubridor, agente de investigaciones, ayudante de pequero porque me exoneraron de investigaciones; fui luego agente judicial, presidente de comité parroquial, convencional, he vendido quinielas, he sido, a veces, padre de pobre y madre de huérfanas,tuve comercio y quebré, fui acusado de incendio intencional de otro bolichito que tuve...
Señores, si no me creen, vayan al Departamento... verán ustedes que yo soy el único entre todos esos hipócritas que quieren salvar al país, absolutamente el único que puede rematar la última pulgada de tierra argentina... Incluso, me propongo vender el Congreso e instalar un conventillo o casa de departamentos en el Palacio de Justicia,porque si yo ando en libertad es que no hay justicia, señores..." Con este discurso, lo matan o lo eligen presidente de la República.

4 de junio de 2006

Libro de moda.

¿Cuáles de tus compañeros de laburo han leído este libro?

Jubilación docente.

El viernes 2 de junio, docentes de todo el país se concentraron frente al Ministerio de Trabajo en reclamo del 82% móvil jubilatorio. En realidad ya se ha recuperado el 82%, lo que se reclama ahora es la movilidad; perdida gracias a uno de los "decretitos" de Cavallo.
Aparentemente, el tema se resuelve este año. Además, parece que quienes estan en AFJP tendrían la posibilidad de volver a Reparto.
Docentes: ¡¡¡Prendan velas!!!

3 de junio de 2006

Tomándolo literalmente...

UN CUENTO PARA SÁBADO.

CONDUCTA EN LOS VELORIOS. (Cortazar)
No vamos por el anís, ni porque hay que ir. Ya se habrá sospechado: vamos porque no podemos soportar las formas más solapadas de la hipocresía. Mi prima segunda, la mayor, se encarga de cerciorarse de la índole del duelo, y si es de verdad, si se llora porque llorar es lo único que les queda a esos hombres y a esas mujeres entre el olor a nardos y a café, entonces nos quedamos en casa y los acompañamos desde lejos. A lo sumo mi madre va un rato y saluda en nombre de la familia; no nos gusta interponer insolentemente nuestra vida ajena a ese dialogo con la sombra. Pero si de la pausada investigación de mi prima surge la sospecha de que en un patio cubierto o en la sala se han armado los trípodes del camelo, entonces la familia se pone sus mejores trajes, espera a que el velorio este a punto, y se va presentando de a poco pero implacablemente.
En Pacífico las cosas ocurren casi siempre en un patio con macetas y música de radio. Para estas ocasiones los vecinos condescienden a apagar las radios, y quedan solamente los jazmines y los parientes, alternándose contra las paredes. Llegamos de a uno o de a dos, saludamos a los deudos, a quienes se reconoce fácilmente porque lloran apenas ven entrar a alguien, y vamos a inclinarnos ante el difunto, escoltados por algún pariente cercano. Una o dos horas después toda la familia esta en la casa mortuoria, pero aunque los vecinos nos conocen bien, procedemos como si cada uno hubiera venido por su cuenta y apenas hablamos entre nosotros. Un método preciso ordena nuestros actos, escoge los interlocutores con quienes se departe en la cocina, bajo el naranjo, en los dormitorios, en el zaguán, y de cuando en cuando se sale a fumar al patio o a la calle, o se da una vuelta a la manzana para ventilar opiniones políticas y deportivas. No nos lleva demasiado tiempo sondear los sentimientos de los deudos más inmediatos, los vasitos de caña, el mate dulce y los Particulares livianos son el puente confidencial; antes de media noche estamos seguros, podemos actuar sin remordimientos. Por lo común mi hermana la menor se encarga de la primera escaramuza; diestramente ubicada a los pies del ataúd, se tapa los ojos con un pañuelo violeta y empieza a llorar, primero en silencio, empapando el pañuelo a un punto increíble, después con hipos y jadeos, y finalmente le acomete un ataque terrible de llanto que obliga a las vecinas a llevarla a la cama preparada para esas emergencias, darle a oler agua de azahar y consolarla, mientras otras vecinas se ocupan de los parientes cercanos bruscamente contagiados por la crisis. Durante un rato hay un amontonamiento de gente en la puerta de la capilla ardiente, preguntas y noticias en voz baja, encogimientos de hombros por parte de los vecinos. Agotados por un esfuerzo en que han debido emplearse a fondo, los deudos amenguan en sus manifestaciones, y en ese mismo momento mis tres primas segundas se largan a llorar sin afectación, sin gritos, pero tan conmovedoramente que los parientes y vecinos sienten la emulación, comprenden que no es posible quedarse así descansando mientras extraños de la otra cuadra se afligen de tal manera, y otra vez se suman a la deploración general, otra vez hay que hacer sitio en las camas, apantallar a señoras ancianas, aflojar el cinturón a viejitos convulsionados. Mis hermanos y yo esperamos por lo regular este momento para entrar en la sala mortuoria y ubicarnos junto al ataúd. Por extraño que parezca estamos realmente afligidos, jamás podemos oír llorar a nuestras hermanas sin que una congoja infinita nos llene el pecho y nos recuerde cosas de la infancia, unos campos cerca de Villa Albertina, un tranvía que chirriaba al tomar la curva en la calle General Rodríguez, en Bánfield, cosas así, siempre tan tristes. Nos basta ver las manos cruzadas del difunto para que el llanto nos arrase de golpe, nos obligue a taparnos la cara avergonzados, y somos cinco hombres que lloran de verdad en el velorio, mientras los deudos juntan desesperadamente el aliento para igualarnos, sintiendo que cueste lo que cueste deben demostrar que el velorio es el de ellos, que solamente ellos tienen derecho a llorar así en esa casa. Pero son pocos, y mienten (eso lo sabemos por mi prima segunda la mayor, y nos da fuerzas). En vano acumulan los hipos y los desmayos, inútilmente los vecinos más solidarios los apoyan con sus consuelos y sus reflexiones, llevándolos y trayéndolos para que descansen y se reincorporen a la lucha. Mis padres y mi tío el mayor nos reemplazan ahora, hay algo que impone respeto en el dolor de estos ancianos que han venido desde la calle Humboldt, cinco cuadras contando desde la esquina, para velar al finado. Los vecinos más coherentes empiezan a perder pie, dejan caer a los deudos, se van a la cocina a beber grapa y a comentar; algunos parientes, extenuados por una hora y media de llanto sostenido, duermen estertorosamente. Nosotros nos relevamos en orden, aunque sin dar la impresión de nada preparado; antes de las seis de la mañana somos los dueños indiscutidos del velorio, la mayoría de los vecinos se han ido a dormir a sus casas, los parientes yacen en diferentes posturas y grados de agotamiento, el alba nace en el patio. A esa hora mis tías organizan enérgicos refrigerios en la cocina, bebemos café hirviendo, nos miramos brillantemente al cruzarnos en el zaguán o los dormitorios; tenemos algo de hormigas yendo y viniendo, frotándose las antenas al pasar. Cuando llega el coche fúnebre las disposiciones están tomadas, mis hermanas llevan a los parientes a despedirse del finado antes del cierre del ataúd, los sostienen y confortan mientras mis primas y mis hermanos se van adelantando hasta desalojarlos, abreviar el ultimo adiós y quedarse solos junto al muerto. Rendidos, extraviados, comprendiendo vagamente pero incapaces de reaccionar, los deudos se dejan llevar y traer, beben cualquier cosa que se les acerca a los labios, y responden con vagas protestas inconsistentes a las cariñosas solicitudes de mis primas y mis hermanas. Cuando es hora de partir y la casa está llena de parientes y amigos, una organización invisible pero sin brechas decide cada movimiento, el director de la funeraria acata las órdenes de mi padre, la remoción del ataúd se hace de acuerdo con las indicaciones de mi tío el mayor. Alguna que otra vez los parientes llegados a último momento adelantan una reivindicación destemplada; los vecinos, convencidos ya de que todo es como debe ser, los miran escandalizados y los obligan a callarse. En el coche de duelo se instalan mis padres y mis tíos, mis hermanos suben al segundo, y mis primas condescienden a aceptar a alguno de los deudos en el tercero, donde se ubican envueltas en grandes pañoletas negras y moradas. El resto sube donde puede, y hay parientes que se ven precisados a llamar un taxi. Y si algunos, refrescados por el aire matinal y el largo trayecto, traman una reconquista en la necrópolis, amargo es su desengaño. Apenas llega el cajón al peristilo, mis hermanos rodean al orador designado por la familia o los amigos del difunto, y fácilmente reconocible por su cara de circunstancias y el rollito que le abulta el bolsillo del saco. Estrechándole las manos, le empapan las solapas con sus lágrimas, lo palmean con un blando sonido de tapioca, y el orador no puede impedir que mi tío el menor suba a la tribuna y abra los discursos con una oración que es siempre un modelo de verdad y discreción. Dura tres minutos, se refiere exclusivamente al difunto, acota sus virtudes y da cuenta de sus defectos, sin quitar humanidad a nada de lo que dice; está profundamente emocionado, y a veces le cuesta terminar. Apenas ha bajado, mi hermano el mayor ocupa la tribuna y se encarga del panegírico en nombre del vecindario, mientras el vecino designado a tal efecto trata de abrirse paso entre mis primas y hermanas que lloran colgadas de su chaleco. Un gesto afable pero imperioso de mi padre moviliza al personal de la funeraria; dulcemente empieza a rodar el catafalco, y los oradores oficiales se quedan al pie de la tribuna, mirándose y estrujando los discursos en sus manos húmedas. Por lo regular no nos molestamos en acompanar al difunto hasta la bóveda o sepultura, sino que damos media vuelta y salimos todos juntos, comentando las incidencias del velorio. Desde lejos vemos cómo los parientes corren desesperadamente para agarrar alguno de los cordones del ataúd y se pelean con los vecinos que entre tanto se han posesionado de los cordones y prefieren llevarlos ellos a que los lleven los parientes.

29 de mayo de 2006

ABERRACIONES... BOLUDECES... INTRASCENDENCIAS...

Salís de la sesión pensando que no hablaste de lo que querías hablar... Y que, "al final, esta terapia no me sirve para una carajo"; y que "yo no vuelvo más, porque en lugar de tirar la guita en esto, la quemo en alguna boludez más divertida que hablarle a esta mina para que no me conteste más que monosílabos y así de fácil se gana la guita y que cuando le digo que no puedo seguir pagando me dice que la terapia no es una gran teta y la reputísima madre que me parió con mi neurosis y..."
Escribí todo eso que no decís ni siquiera en terapia...

JUANA LARRANA EN EL DIVÁN

JUANA LARRANA EN EL DIVÁN
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